En mi entrada anterior escribí que esto de vestirme de chica lo hago con el consentimiento de mi mujer.
Contestando a una pregunta de
Gaby, os relato como se lo conté.
Lo primero de todo fue decidir si merecía la pena que se lo contara, estaba claro que esta "afición a ponerme vestidos" no es entendida por todo el mundo por igual. Por tanto era jugarmela a cara o cruz. O bien la que por entonces era mi novia, lo entendería o por contra se espantaría. Pero tenía que jugármela. La quería demasiado y lo que no quería bajo ningún concepto era vivir en una constante mentira. Seguramente, si no se lo contara algún día llegaría a descubrirme y sería mucho peor.
Así que fui preparando el terreno poco a poco.
Un día como en plan de broma, me puse un vestido suyo y me puse a hacer el tonto con él puesto.
Otro día, para carnaval, le propuse vestirme de chica (en carnaval hay mucho travesti encubierto).
Algún otro día le pedía los zapatos, para ver si sería capaz de andar con ellos, en plan de broma también.
En fin, que poco a poco fui preparándola.
Hasta que un día.........
Estabamos las dos solas en una casa que tienen sus padres en otra ciudad. La casa consta de dos pisos. Pues bien, subí arriba con alguna excusa que no recuerdo, y una vez en la habitación recuerdo que me puse un camisón, unas medias y unos zapatos y seguidamente escribí una nota.
En ella le contaba que me gustaba vestir de mujer desde pequeña, que ya me ponía la ropa de mi madre desde hacía bastante tiempo, y que era algo que no podía evitar hacer, que era como una droga para mi. Finalicé la nota escribiendo:
"Si después de esto aún me quieres, solo te pido un beso".Bajé las escaleras haciendo el ruido de los tacones al andar y ví como mi novia, me miraba con sorpresa. No dije nada y le di la nota. Yo estaba nerviosa esperando su reacción, y ¡me dió un beso!
Me eché a llorar de felicidad. Había sido capaz de contarle mi secreto a la que en un futuro sería mi mujer.
Le conté más acerca de lo mio, le conté todo. Fue un día feliz.
A partir de ese día me vestí muchas más veces, al principio con vergüenza.
A día de hoy, muchos de los vestidos con los que me visto son de ella, me presta sus zapatos, su maquillaje, e incluso ella me ha comprado algunas cositas.
Puedo preguntarle:
Cari, si sales esta tarde ¿me puedes comprar unas medias? con total normalidad.
Incluso se ha dado el caso de que a ella se le hayan hecho una carrera sus pantys y preguntarme si le puedo dejar unos míos.
Y ya no os digo la sensación que me produce hacer el amor vestida con su lencería.
Jamás me arrepentiré de habérselo contado.